El absoluto

El absoluto. Sobre la noción de absoluto.

El absoluto

El concepto de absoluto aparece ligado al trabajo de pensadores idealistas de la talla de Schelling, Hegel y Espinoza. En efecto, para la tradicción occidental, lo absoluto se entiende como aquello que es por sí mismo, por independiente e incondicionado. La noción se contrapone a lo relativo, lo dependiente y lo condicionado.

Si el absoluto es un ser, entonces, ese ser perfecto en cualquier aspecto se identifica con la noción filosófica de divinidad.

La aproximación intelectual a la idea de absoluto ha tenido no pocas veces la intención de comprender su esencia: ¿existe un único absoluto?, ¿es trascendente? ¿es inmanente?

De hecho, la diversidad religiosa, de la mano de la realidad histórica y cultural, ha construído diferentes nociones de divinidad. El absoluto puede ser percibido como trascendente esto es, elevado por encima del mundo, manifestándose como Otro, independiente y ordenado o inmanente como substancia misma del Universo siendo inseparable de éste. Naturalmente, la concepción trascendente es más afin a la noción de las grandes religiones occidentales. Dios el absoluto perfecto, impersonal o suprapersonal, pero independiente de la creación. Así, Dios es venerado como Uno en las religiones monotístas o como varios, de acuerdo a sus diversas manifestaciones. Para la noción inmanente de Dios, más próxima al panteísmo, Dios es la creación misma.

Sobre la noción de absoluto

"La escritura de Dios", es un cuento de Jorge Luis Borges, que construye con mucha precisión la noción filosófica de absoluto.

Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre.

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