Brujos y brujas

Sobre el concepto de brujería en general y el rol de las brujas medievales en particular.

En torno al caldero girad;

tripas venenosas echad.

Sapo que bajo piedra fría

lleva treinta noches y días

durmiendo y sudando veneno,

serás el que hierva primero

en este encantado caldero.

(Parlamento de la Bruja Primera, Shakespeare, Macbeth, acto IV)

Brujos y brujas

Existen diferentes acepciones del término “brujería”, muchas de ellas dependen del enfoque disciplinario o incluso del contexto histórico. Hay quienes la interpretan como una creencia con inclinación al mal y a la utlización de determinadas artes con el objeto de perjudicar a los demás o causar desgracias. Actualmente, la brujería puede también interpretarse como la posesión de poderes psíquicos que podrían utilizarse para hacer el mal..

Brujería en sociedades tribales

Pero en sociedades tribales, el término de brujo, bruja o hechicera no necesariamente se relaciona con la maldad, aunque en muchos casos pudiera tratarse de personas que utilizaban medios para causar daños en los demás. Es indudable que dentro de estas ideas los conceptos asociados a la brujería se aproximan al de sanador o chamán.

Brujería medieval

En tiempos medievales, desde el siglo XIV en adelante, la bujería fue considerada una religión satánica de la que se presuponía pactos demoniacos. Una bula papal, la condenaba en 1484. Sin embargo cabe preguntarse si las brujas existieron realmente o los aquelarres fueron proyecciones de los investigadores.

Algunos investigadores observan que la brujería medieval puede derivar de los antiguos cultos a la fertilidad y toda la mitología vinculada a las brujas, como las escobas voladoras y los aquelarres pertenecen más al dominio de la imaginación y la literatura que a la evidencia histórica, sin duda propiciada por los inquisidores.

Desde estos enfoques antropológicos, se especula que las brujas eran en realidad abortistas, especialistas en métodos anticonceptivos, filtros afrodisíacos y enfermedades venéreas, entre otras prácticas relacionadas con la sexualidad, así como también plantas alucinógenas y conocimiento sobre temáticas esotéricas. Y estas probablemente eran las causas verdaderas por las cuales se las perseguía, aun cuando se les adjudicara supuestos pactos con el demonio.

Así, filtros y plantas enteógenas (especialmente la belladona, la ruda y mandrágora) fueron las pruebas de las cuales los inquisidores se valieron para condenar a las brujas medievales, que eran mujeres por abrumadora mayoría. A menudo se trataba de parteras de clase baja que eran acusadas de cuanto desorden local se presentara. Las brujas eran obligadas a confesar bajo tortura, lo cual sin duda finalmente hacían. Si la confesión involucraba a sectores de poder, las veracidad de estas confesiones era tomada con cautela.

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